El resultado último de este proceso de planificación estratégica es, o debe ser, la adopción de un programa de actuación en el que quede claramente recogido cuales son los objetivos que se pretenden alcanzar y cómo se propone conseguirlo.
Con cierta frecuencia observamos como se utilizan indistintamente los conceptos de plan director y plan estratégico, pero la propia definición de plan estratégico nos indica que éste debe marcar las directrices y el comportamiento para alcanzar las aspiraciones plasmadas en el plan director.
Todos, tanto en nuestra faceta personal, como profesional, podemos, en este proceso de planificación estratégica, tratar de dar respuesta a las siguientes preguntas:
-¿Cuál es nuestra razón de ser? ¿Qué nos da vida y sentido?: La respuesta a estas preguntas dará lugar a nuestra Misión.
-¿A dónde deseamos ir?: Obtendremos así la Visión estratégica.
-¿Qué hacemos bien? ¿Qué deseamos hacer?: Proposiciones; Objetivos estratégicos.
-¿Cómo llegamos a ese futuro?: Plan de acción; Reglamento de evaluación y seguimiento.
Un elemento común en cualquier proceso de planificación sectorial lo encontramos en que ésta debe ser participativa y coordinada, en el caso del sector acuícola, con la colaboración y participación de los principales agentes implicados de forma que puedan compatibilizarse los distintos objetivos y prioridades que dentro del mismo podemos encontrar.
PLANIFICACIÓN ESTRATÉGICA EN ACUICULTURA
Una vez sentadas las bases que deben guiar el proceso de planificación estratégica, centrémonos en la aplicación de estos principios y criterios a la actividad acuícola.
La acuicultura es una actividad que requiere de esta planificación para su correcto desarrollo. Los largos ciclos de producción, la elevada inversión que requiere y la inevitable incertidumbre que ambos aspectos y otros como las patologías, las condiciones productivas, lo imprevisible del medio acuático o la cambiante y en ocasiones poco favorable política en materia de ordenación de la zona litoral, invitan y, en cierta manera también obligan a este sector a implementar un plan estratégico que potencie y promueva su desarrollo.
Partiendo del hecho de que las competencias en materia de desarrollo del sector acuícola corresponden de manera exclusiva a las CC.AA, son numerosos los esfuerzos realizados tanto a nivel nacional como autonómico, por ordenar y planificar el desarrollo del sector acuícola. Si tuviéramos que poner un punto de partida, podríamos decir que estos esfuerzos comienzan con la elaboración del Libro Blanco de la acuicultura en España, documento que supuso, el primer análisis riguroso y exhaustivo del sector. Este trabajo abordó la situación de partida del sector, desde un perspectiva abierta y participativa que permitió la realización del primer diagnóstico de la situación del sector y de los cuellos de botella a los que se enfrentaba.
Este documento, a pesar de no fijar objetivos concretos en términos de expectativas de producción, ni de contar con un plan de acción con actuaciones y objetivos concretos, constituye la primera fase de la planificación estratégica de la acuicultura en España y así es y debería ser considerado en los futuros trabajos que en esta misma línea sean desarrollados.
Muchos de los retos a los que se enfrentaba el sector entonces siguen estando vigentes a pesar de los importantes avances que se han producido en los últimos años en materias vitales como la mejora de los sistemas productivos y de las técnicas de producción, en materia de nuevas especies, en el acercamiento de la acuicultura a la sociedad y la mejora de su imagen entre los ciudadanos o en el estrechamiento de la distancia existente entre la comunidad científica y el sector productor.
UN PLAN ESTRATÉGICO SE COMPONE EN GENERAL DE SIETE ETAPAS
Etapa 1: Análisis de la situación
Etapa 2: Diagnóstico de la situación
Etapa 3: Declaración de objetivos estratégicos
Etapa 4: Desarrollo estrategias corporativas o sectoriales
Etapa 5: Planes de actuación
Etapa 6: Seguimiento
Etapa 7: Evaluación