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Irlanda apuesta por la acuicultura ecológica

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En los últimos años, la creciente preocupación medioambiental del consumidor se ha traducido en una mayor demanda de productos que ofrezcan una garantía adicional de respeto por el medio ambiente. Además, las diferentes crisis alimentarias han provocado un deseo de recuperar los valores de la producción más “tradicional” de alimentos. Estas tendencias que están llegando a la pesca cuentan con un mayor recorrido en el caso de la agricultura y la ganadería, en las que, desde hace tiempo, existe una corriente orientada a minimizar al máximo la “huella” que la producción agropecuaria deja en el medio ambiente, aportando al consumidor productos lo más naturales posibles: la agricultura y ganadería ecológicas u orgánicas. A su imagen y semejanza, desde hace años, se apuesta por fórmulas similares en el caso del pescado y los mariscos. Así, aunque la pesca no se puede certificar con el marchamo ecológico europeo, cada vez existen más productores de acuicultura que apuestan por esta vía como fórmula para diferenciarse, buscando conseguir un plus en el precio de venta o acceder a nuevos mercados. Irlanda es un buen ejemplo de cómo productores de pequeño/mediano tamaño apuestan, con éxito, por el cultivo ecológico, como pudo comprobar IPac. en un viaje organizado por el Bord Bia.

Objetivo: aumentar la producción de acuicultura en 10.000 toneladas

El Bord Iascaigh Mhara (BIM), en su Estrategia 2010-2012, se marca como objetivo para los próximos años incrementar en 10.000 toneladas la capacidad de producción de la acuicultura irlandesa, con un incremento de ventas de 18 millones de euros. Además, buscan diferenciar 40.000 toneladas de productos del mar a través de eco-etiquetas y etiquetas de calidad, con un valor de 120 millones de euros. Esta estrategia contempla también la creación de un total de 600 nuevos puestos de trabajo en el sector de los productos del mar, así como incrementar las ventas de productos con valor añadido en 50 millones de euros.

 

FORMAS DE PRODUCCIÓN

En el caso del salmón, las características que ha de reunir el proceso de producción para que pueda certificarse como ecológico tienen que ver con el origen del alimento utilizado -procedente de pesquerías sostenibles-, la limitación de la densidad de peces en las jaulas -para asegurar un mayor bienestar animal y reducir la posibilidad de que contraigan enfermedades-, el uso de especies locales, etc. Irish Seafood Producers Group (ISPG) es uno de los principales productores de salmón y trucha ecológica de Irlanda, Liam Roche, explica que la firma produce 3.000 toneladas anuales de salmón ecológico y 500 de trucha ecológica destinada principalmente a los mercados de Francia, Suiza y Alemania. Ante la elevada demanda que se están encontrando, la firma espera incrementar la producción, aunque siempre respetando las restricciones que se imponen para conseguir la certificación ecológica, y que implican la cría de un menor número de ejemplares en cada instalación.

En el caso de los mejillones, los requisitos que ha de cumplir la producción son diferentes y están relacionados con la forma de recolección de las semillas, a través de colectores, la eliminación física o manual de los organismos bioincrustantes, o el uso de materiales reciclables. John Harrington, de la firma Kush Shellfish, explica que, en su caso, han optado también por abordar una política de reducción del consumo de energía en el proceso de producción, lo que les ha permitido conseguir la certificación carbon trust standard, siendo la “primera empresa irlandesa de productos del mar que la consigue”. A esto se suma el hecho de que la zona de producción de sus mejillones está clasificada como A, la mejor de las calidades posibles de aguas para la producción de moluscos.

Precisamente, es de destacar entre todas estas empresas dedicadas a la producción ecológica su vinculación con la protección del medio en el que realizan su actividad y su compromiso con la creación de empleo en zonas en las que no existen grandes alternativas económicas. Sean Gavin, responsables de la firma Irish Seaspray, destaca por una parte “el limitado impacto ambiental” de la empresa y, por otro su contribución al empleo local, “especialmente femenino, aunque en épocas altas de producción, cuando los hombres no pescan también se incorporan”, sirviendo como alternativa de trabajo.

INNOVACIÓN EN PRESENTACIONES Y PRODUCTOS
Para conseguir el éxito dedicándose a la comercialización de productos orgánicos es necesario conocer bien los mercados. Niall McComish, responsable de la firma Dunn’s of Dublin, explica que Francia es uno de los mercados con mayor futuro para los productos orgánicos, ya que los consumidores franceses “están dispuestos a pagar más” por un producto diferenciado. Lo que está fuera de toda consideración es buscar el hueco para los productos orgánicos en la “zona barata” del mercado, por razones obvias como la incapacidad de competir en precio con las producciones “convencionales”. Entre un cinco y un ocho por ciento de la producción de esta firma transformadora se orienta al mercado ecológico, una cantidad que varía, explica su responsable, en función de la demanda y de las posibilidades de aprovisionamiento de materia prima.

Y es que, como explica John Murphy, de Murphy’s Irish Seafood, en estos momentos, en el caso del salmón, la demanda de materia prima supera a la oferta, y las posibilidades de aumentar las cantidades producidas poniendo en marcha instalaciones en lugares que cuentan con autorización se han visto reducidas con la crisis financiera de los últimos años. Así, “a pesar de las buenas expectativas para el salmón orgánico es difícil conseguir financiación”.

En el caso del cultivo de mejillón, aproximadamente un 34% de las 9.000 toneladas que produce la industria irlandesa cuentan con una certificación orgánica. En este caso, y aunque la inversión necesaria para las instalaciones es menor, la producción se ve limitada, en ocasiones, por la presencia de biotoxinas marinas, que impiden la recogida y comercialización del producto.

Frente a las producciones masivas de las grandes firmas de acuicultura, una de las opciones por la que se han decantado algunos productores es poner en el mercado un producto orientado hacia los consumidores más exigentes que no sólo buscan la certificación ecológica sino la máxima calidad. Es el caso de la firma Kenmare Select, desde la que sus responsables señalan como una de las claves de su producto “la manipulación por parte de un equipo muy especializado de trabajadores”, explica Cyprien Benoit, a lo que se suma la procedencia de la materia prima de localizaciones en las que las fuertes corrientes obligan a los salmones a realizar una gran actividad, lo que reduce el porcentaje de grasa en el producto final.

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